Entradas

Mostrando entradas de julio, 2018

Para ti

Te dediqué varias noches en las que la locura se adueña de los recuerdos, y miraba el reloj, miraba la hora del silencio, te miraba a los ojos en la fotografía que te tomé en aquel restauran, me perdía en ese momento, me hundía y te decía al oído: Te quiero, te agradezco tanto... Aquí ya no estás, allá no me dejas llegar, ¿Qué será de este amor necio?, ¿Qué será de ese cuerpo tuyo que besé y abracé cuando tu alma me lo presentó?, ¿Qué será ahora de mis manos tibias y mis brazos secos?. Para ti es este día, para ti es la noche, para ti siempre será este corazón diáfano, este cariño muerto, hasta que allá dónde sea que estés, te pueda alcanzar.

Libertad

Suelta tu alma va, la veo partir, atónito y desdichado me quedo aquí, sentado y vociferando ¡No te vayas por favor! (eso en desde el interior). Mis lágrimas por fuera te dicen: Te quiero, quizá, te amo, te dicen: Tengo miedo, te pierdo. En ti cabe toda la dicha y la gracia, en ti perdí la memoria y me volví locura. Hoy te veo partir, te veo ser libre, te siento libre de mí, de mi veneno, de tu malestar, te veo abrazada por la dicha de la soledad que te espera. Mis deseos no son buenos para ti o para mi, porque te deseo aquí donde ya no eres feliz, que desdichado me he vuelto desde que nuestras almas se fundieron como el cristal. Que bueno es verte irte que bueno es ver que por fin serás alguien más por fin comienzas a vivir, por fin hoy, tú, yo, es libre de existir.

Se aleja

¿Cuánto puede pesar la distancia?, siendo que físicamente es una unidad relacionada con la longitud de un punto a otro, sin embargo, en el caso de las cosas del corazón, es evidente que se siente como una carga, es un lastre, un montón de ideas y sensaciones. ¿Por qué te alejas?, ¿Por qué decides que eso es no herir a quien quieres?, ¿Por qué esa ironía tan estúpida?... Hay bastantes preguntas en mi cabeza, las suficientes para no dejar escapar la más mínima idea que conservo de ti. El síndrome de abstinencia, me provoca soñarte, morderme las ganas, es una insana locura creer que el cariño que se tiene hacía uno mismo basta para librar esta demencia. Abrir el corazón, tanto como un niño a sus sueños, tanto como un perro a su dueño, ¿Para qué?; me han dicho incontables veces: Tú das todo, y nunca es ni todo el amor ni todo el dinero, entonces, entro en conf...

Ser y estar

Estoy ausente de toda la gente para que a deshoras me veo frente tu casa parado a lado del arbusto de tu hermano. Veo entonces la silueta de tu perro que va y viene que ladra y te avisa ¡Ahí está!, entonces te veo que piensas que tu perro está loco con esa mirada tibia de agua marina. El arbusto se mueve me descubre, entonces, te paras, el corazón se enciende pero mis piernas huyen te dejan y se alejan hasta que ya no te ven las ansias. La vieja me ve, llego sin aliento, la veo y me dice: ¡Ah! pero que pendejo estás Y yo, la verdad, que sí, que pendejo de dejar tu boca, de dejarme querer, cuando más que otra cosa, por dejar de ser y estar.

No te extraño

Ni a menudo, ni a diario,  quizá no mucho ni poco. No te veo entre sueños,  entre arbustos secos y moribundos. Quisiera arrancar las telarañas  del amor fingido y las riendas  del miedo taciturno de tus muslos partidos. Ya no te extraño,  ni un poco,  ni un quizá, porqué,  te has de preguntar. Ya no te extraño más,  porque ya no hay necesidad  de seguir buscando,  tus pasos,  tu tiempo. Ya estás aquí,  en el paso de mis dedos  entre tus labios. Ya estás dentro  del cuerpo árido por el tiempo. Ahora que ya no queda  más que perseguir,  te digo así,  que entre estos brazos tuyos  he de morir.

El café

Es esencia, es pureza, es el olor que despierta, es la caricia de un alma que ríe y a veces llora. El café es la vida de la mañana, el amanecer de los ojos de una ninfa, es como tú, como tus ojos en la noche ante las estrellas y las aguas del mar. Café de tu alma, café de tu piel, el café del todo tu ser, el calor del café de tu corazón, como el café de tus brazos en el café de mi amor.

Mujer de abril

La Mujer de abril es como la primavera, una estación periódica, pero única e irrepetible, que cada vez que te visita, tiene un nombre y una cara diferente, con sonrisa de mujer. Como la estación, produce en ti un momento de ímpetu y eclosión, luego de su mirada furtiva o el olor de su cabellera al viento, ella te inquieta, pues, con ella te encuentras al borde de las pupilas. Es la Mujer de abril apenas el roce del deseo, ese preámbulo de placer que se siente ante la incertidumbre de lo inasible; es ese galope en tu sien, el hálito acelerado y entrecortado, ese sentimiento que te reconoce y reivindica, en tu naturaleza y tu ser. Es esa movida interior que te descubre como barco oxidado, en la nostalgia de lo que nunca fue, esa ilusión de lo que no será. Es el paso al que quieres seguirle el paso, pero que finalmente no te atreves. La Mujer de abril es la que desequilibra tu balanza, entre la comodidad y la inseguridad; es el estornudo de polen contra la siembra plantada, es desp...

Me gustas

Al abrazarte en medio del jardín frente la luz del atardecer, te sentí, febril, sensible, ahí, un segundo, un placer, sentir el latir de tu corazón y el aire soplando a nuestro alrededor. Imaginaba muchos lugares donde pudiera sujetarte, imaginaba caminar contigo nunca espere encontrarme en ese sitio estallando en millones de colores en tus manos, en tus labios, en todos los puntos sensibles de nuestros cuerpos. Vi tu sonrisa contra el sol, vi tus ojos crispar al fondo del río, vi tu esencia frágil, sutil, vi tus ojos y sentí tu alma. Me gusta, tu forma, tus partes discretas, tus inesperados movimientos, tu inesperada respuesta, me gustan tus nervios, me gustan tus brazos, y solo me gustas .

Dejó de estar

Había escrito su nombre sobre la arena a la orilla del mar como un recuerdo en un momento aparecía de repente, tempestiva, estruendosa, versátil y manifestando su furia, como tormenta de llanto (Como si fuera posible tanto) tormenta de ansías, de ganas, de palabras muertas. Su nombre se desvanece las marcas de su enjundia se quedan en el rastro de arena, ese rastro, que en la memoria, es una queja, como dolor de muela. ¡Ay de mí!, grito a mis adentros ¡Ay de mí!, por no tenerle aquí ¡Ah!, me meto al mar, ¡Ah!, ¿qué más da?, ¿quedarse así? mejor me fundo a ver que aquí, no llegarás.