Ser y estar

Estoy ausente
de toda la gente
para que a deshoras
me veo frente tu casa
parado a lado
del arbusto de tu hermano.

Veo entonces la silueta
de tu perro
que va y viene
que ladra y te avisa
¡Ahí está!, entonces te veo
que piensas
que tu perro está loco
con esa mirada tibia
de agua marina.

El arbusto se mueve
me descubre,
entonces, te paras,
el corazón se enciende
pero mis piernas huyen
te dejan y se alejan
hasta que ya no te ven
las ansias.

La vieja me ve,
llego sin aliento,
la veo y me dice:
¡Ah! pero que pendejo estás

Y yo, la verdad, que sí,
que pendejo de dejar
tu boca, de dejarme querer,
cuando más que otra cosa,
por dejar de ser y estar.

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