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Mostrando entradas de agosto, 2019

Inevitable

Inevitable… … Se vuelve pensar en el pasado, en ver recuerdos que nadie quiere, es inevitable, saber que fuiste y que fuimos uno solo en el viento, en las noches de invierno. Es inevitable pensarte, ver las palabras de amor tierno como las de una madre a su hijo recién nacido y no es complejo de Edipo lo que digo pero esas palabras tan dulces, de tu perdido corazón en el mío eran como diáfanos iluminando cada rincón de mis días tristes. En esta era, donde todo se almacena donde todo navega en forma de datos entro a una aplicación vieja leo tus mensajes, llenos de amor, fraguados por la correspondencia del enamoramiento mutuo y sin sentido como dos adolescentes perdidos. Leo tus mensajes, diciendo repetidas veces mi nombre, tu nombre nuestro nombre. Nos dices y nos vistes de dulce amor y yo me leo como el imbécil que te perdió. Ya no duele ver tus mensajes, al contrario, es como leer una novela esa que te cuenta al prínci...

Te he extrañado...

Te he estado extrañando, soñando, a veces despierto con la espalda mojada, los pies calientes, este estado creado por la memoria de estar recordando las partes de tu cuerpo. Tu existencia ya no debería importarme, no debería ser interesante. Hay una poca de gracia en todo este horror de recordarte y es que, a pesar de todo, sigo viendo esa maldita sonrisa en todas partes, esa voz tuya insistente, esa dulzura frágil, esa suave piel, esa voz chillona, es una gracia anunciarte en los rincones de la memoria en los rincones de la necedad de olvidarte. Te he estado extrañando, te he estado buscando en otras bocas en otros ojos, en otras mentes, te he estado extrañando que te he buscado hasta debajo de la cama, en medio del ruido de la ciudad de los centros comerciales, en medio de una película, y es que no extraño lo que hacíamos, no extraño lo que comíamos o veíamos, no extraño compartir la música, extrañe verte, extraño escucharte, extraño tu mano tem...

De vez en ves

Hoy te veía tu boca, y muero de ganas por morderla, probarla es un deleite verla. Y tu voz, no de sirena, sino más como una ola de mar tu voz apacible como la noche y tus ojos grandes como luceros ¡Ah! que loco me vuelves infortunado es que nada puedo hacer. Y me quedo así llevándote en pensamiento hasta que algún otro momento te pueda volver a ver para poderte sentir aunque sea en esa vez.