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Mostrando entradas de marzo, 2020

Diremos adiós

Una vez dijiste que me fuera que no me detendrías si lo hiciera. ¿Tú lo harías? Te pregunté mirándote al alma con la mitad de mí en tus manos en tus ojos en todas tus memorias. No importó que dijera, no importó lo que sintiera. Solo di la vuelta, caminé lejos de ti, En sombra me convertí dejando en tu espalda, en tus manos, en tus labios, los recuerdos del amor que nos dijimos con el que siempre nos vestimos.

Déjame ser.

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Dime algo que te haga feliz dime las palabras de amor que salen de tu corazón. Podría ser yo podría ser quien baile contigo hasta el fin. Abre las ventanas de tu alma no tengas miedo en mirarme no tengas miedo, ven, abrázame. Tú podrías ser, déjame ser, quien mese tu alma, tu piel. Un jardín que podamos sembrar una vida que imaginar. Podría ser yo, podría ser la mitad o podría ser la entereza. El amor no es la gran verdad solo es la llave y la base de la verdad que eres tú. Eres tú, la mezcla imperfecta eres tú la realidad alterna eres tú y nada más. Ya no hay que perder solo es una vida para tener expresando todo nuestro ser.

Tuviste la última palabra

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Y yo, ¿qué podría hacer? tú dijiste, que probablemente no nos merecemos que quizá tú no me mereces, tuviste la última palabra. Tardé demasiado en saber qué responder a la pregunta de ¿qué hacemos? Tardé lo que un botón en florecer lo que una lágrima en resbalar. Me buscaste con mis amigos preguntaste qué ha sido. Las preguntas sobran las palabras abruman. No te crees remordimientos, sé que no me olvidas porque yo tampoco te olvido, pero, sigue el camino. La última vez fue la peor, la última vez te di mi corazón, la última vez te grité mi amor, la última vez dijiste adiós.

Ya, lárgate.

¿Te has preguntado qué hacemos aquí, a deshoras con la sosobra del día? ¿Te has puesto a pensar de qué sirve hablar cuando ni tú ni yo escuchamos? Preguntas sin respuestas, quejas y angustias, par de almas necias. Llueve, afuera llueve, llueve tan fuerte una lluvia de lágrimas de hiel llevando al río del olvido las cosas bonitas las palabras dulces dejando que se hundiera lo construído lo vívido. ¡Ya cállate! ¡Ya vete! ¡Ya desaparece! ¡Ya basta! ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya, por favor, ya lárgate! Para que así, te pueda quemar y tus cenizas se vayan en el agua derramada del vaso del desamor al que hemos llegado estúpidamente y sin temor.

Tres años

Escribiría sobre tu piel mi nombre, para volverme parte de ti, me hundiría en la hendidura de tu boca por cada charla de tus días y de mis locuras. Alcanzaría el alba a la orilla del mar para llegar a acariciar el suave desliz de tu espalda. ¡Ah, que desdicha!, cuando tu sonrisa se va, la luz se apaga, tu caminar en cenizas queda, como luna repentina te quedas en la mirada. Un sueño, un vaso con agua, tú, quieta, en medio del recuerdo y el olvido, te vuelves realidad, te vuelves la sed saciada. Ahora me siento, te veo al cielo, recito tu nombre, le grito al aire las canciones que olvidaste, en el café, en el sofá, en la cama, en las mañanas que a un costado las ganas no te hallaban. Ahora, la quietud, el silencio, el sonido de las hojas crujir en el suelo, describen el sitio, donde feliz te veo, me abandono, nos dejo, y todo queda en el adiós perpetuo.