Ya, lárgate.

¿Te has preguntado qué hacemos aquí, a deshoras con la sosobra del día?
¿Te has puesto a pensar de qué sirve hablar cuando ni tú ni yo escuchamos?
Preguntas sin respuestas, quejas y angustias,
par de almas necias.

Llueve, afuera llueve, llueve tan fuerte
una lluvia de lágrimas de hiel
llevando al río del olvido
las cosas bonitas
las palabras dulces
dejando que se hundiera
lo construído
lo vívido.

¡Ya cállate!
¡Ya vete!
¡Ya desaparece!
¡Ya basta!
¡Ya! ¡Ya! ¡Ya, por favor, ya lárgate!

Para que así, te pueda quemar
y tus cenizas se vayan
en el agua derramada
del vaso del desamor
al que hemos llegado
estúpidamente y sin temor.

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