Las formas del ser
En un epitafio decía: Aquí yace el polvo de una hermosa criatura que ahora deambula en el cosmos y siempre veré brillar. En ese momento pensaba en dos cosas, la primera, quizá la menos importante, ¿por qué le faltamos el respeto a las personas muertas dejando mensajes que son leídos por extraños?, con esto, me refiero a los epitafios, segundo, ¿cómo aseguras que nos convertimos en estrellas?
Entre creencias se sabe que, cada uno a su manera, interpreta la muerte de una forma que da confort y calidez, en este sentido, de tener la seguridad de que después de que te mueres irás a alguna parte o te transformaras en algo o formarás parte de algo, como en el caso de ese epitafio: Se volvió parte del cosmos, o sea, es parte del universo, está en todas partes. regada en una estrella o un asteroide, podría estar en un planeta o en cualquier molécula de la Tierra.
Cuando era niño soñaba con poder tocar una estrella, al paso de los años, dejé de tener sueños idiotas, entendí que una estrella era imposible de tocar, una masa incandescente está ahí, en el espacio, y, si la tocas, puede que te mueras, ni siquiera formas parte de ella, te desvaneces y desapareces, o quizá, cuando te desvaneces, te fundes con la estrella. En la edad juvenil, cuando eres impropio, cuando gastas tus energías en un montón de hormonas y tonterías emocionales, en esa edad, dejé de pensar en las estrellas, dejé de pensar en poder alcanzarlas y tocarlas.
Después de la juventud (como diría el libro rimbombante de Carlos Cuauhtémoc: en éxtasis), llegue a la etapa de ser joven adulto, para entonces, tenía un conocimiento perplejo sobre nuestra nimia existencia, lo abismal que es ser parte de algo tan extenso y sorprendente como lo es el universo, ser nada, prácticamente en toda la sopa de planetas, galaxias, millones de estrellas, esa nata tan gigantesca.
Todos esos pensamientos se golpearon en mi cabeza, lo que provocó un epitafio, la muerte de alguien, me retorna a todo lo que es mi existencia, a todo lo que soy y hago con ella, y es que, me levanto, apago el despertador, lanzo las ropas de la cama al suelo, tomo las toallas y me meto al baño, defeco mientras pienso si ya estará lista el agua caliente, abro la regadera, palpo el agua, espero a que salga a punto de quemar las células muertas de mi piel; comienza el festín de lavado, tallo cada parte que alcanzan mis manos, despejo la mugre (que nunca se quita) con shampoo, jabón, sacate, lavo cada uno de mis dedos de las manos, de los pies, limpio mi entre pierna, al final, dejo mi miembro y lo lavo aparte, así como mi ano, los lavo y enjuago debidamente; llevo a cabo un ritual de exfoliado (porque la sociedad ruge que te debes ver estupendo para cualquier extraño), limpio mis brazos, mis piernas, mi cara, cepillo mis pelos en la cara. Me seco la cabeza y el cuerpo, ¿por qué he descrito esto?, no es para volar tu imaginación, pero, probablemente, en este punto, estarás pensando en todo aquello que haces cuando te levantas, ahora, si continuamos con la rutina, volverás a pensar en ti, en tus días, en esa rutina, la monotonía de la vida esperando el momento de encontrarse con la muerte.
¿Qué es de nosotros en esta única vida? ¿Qué es de nosotros en medio de la frecuente e insolente forma de seguir, repetidamente, haciendo lo mismo? ¿Qué nos lleva a hacer esto una y otra vez? ¿Habías sido consciente de ello? ¿ Te has percatado cuántas veces al día te preguntas qué está pasando? ¿Por qué hago esto? ¿Por qué hago lo otro? ¿Por qué tengo que casarme? ¿Por qué tengo que enamorarme? ¿Por qué tengo un ineficiente sistema de control de emociones? ¿Por qué siento dolor, tristeza, esperanza, etc.? ¿Por qué una y otra vez? ¿Habías sido consciente de estas cuestiones? ¿Has pensado que será de ti cuando mueras? ¿Sabes si terminarás en una urna con un epitafio barato o sin nada? ¿Sabes si serás comida de gusanos hasta convertirte en un fósil del planeta?
Muchas preguntas, que no tienes porque responder, no tienes que gastar tu mente en cosas que no sirven para nada, sí, NO SIRVEN PARA NADA ya que, lo único seguro es la muerte.
Inevitable es morir, aunque te resistas, sin importar si eres rico, pobre, de clase acomodada, no importa si fuiste a Francia, Australia, si viviste en Suiza, en la Antártida, nada de eso aporta al final de tus días, si estabas gordo, flaco, fea, feo, bonita, bonito, no importa si tuviste hijos, si tuviste una pareja, nada de eso es relevante, nada de eso ya es importante. No sabes a dónde vas, si te mueres, tienes n posibilidades de ser otra cosa, principalmente por las leyes de la materia y energía: nada se crea ni se destruye, todo únicamente SE TRANSFORMA.
¿Qué forma de tu ser será adaptada tras tu muerte?, nadie sabe, hasta ahora, qué sigue, nadie puede darte una respuesta exacta, precisa y segura de en qué te transformarás, lo que es un hecho, es que quizá, probablemente, sí formamos, desde siempre, parte del cosmos.
Entre creencias se sabe que, cada uno a su manera, interpreta la muerte de una forma que da confort y calidez, en este sentido, de tener la seguridad de que después de que te mueres irás a alguna parte o te transformaras en algo o formarás parte de algo, como en el caso de ese epitafio: Se volvió parte del cosmos, o sea, es parte del universo, está en todas partes. regada en una estrella o un asteroide, podría estar en un planeta o en cualquier molécula de la Tierra.
Cuando era niño soñaba con poder tocar una estrella, al paso de los años, dejé de tener sueños idiotas, entendí que una estrella era imposible de tocar, una masa incandescente está ahí, en el espacio, y, si la tocas, puede que te mueras, ni siquiera formas parte de ella, te desvaneces y desapareces, o quizá, cuando te desvaneces, te fundes con la estrella. En la edad juvenil, cuando eres impropio, cuando gastas tus energías en un montón de hormonas y tonterías emocionales, en esa edad, dejé de pensar en las estrellas, dejé de pensar en poder alcanzarlas y tocarlas.
Después de la juventud (como diría el libro rimbombante de Carlos Cuauhtémoc: en éxtasis), llegue a la etapa de ser joven adulto, para entonces, tenía un conocimiento perplejo sobre nuestra nimia existencia, lo abismal que es ser parte de algo tan extenso y sorprendente como lo es el universo, ser nada, prácticamente en toda la sopa de planetas, galaxias, millones de estrellas, esa nata tan gigantesca.
Todos esos pensamientos se golpearon en mi cabeza, lo que provocó un epitafio, la muerte de alguien, me retorna a todo lo que es mi existencia, a todo lo que soy y hago con ella, y es que, me levanto, apago el despertador, lanzo las ropas de la cama al suelo, tomo las toallas y me meto al baño, defeco mientras pienso si ya estará lista el agua caliente, abro la regadera, palpo el agua, espero a que salga a punto de quemar las células muertas de mi piel; comienza el festín de lavado, tallo cada parte que alcanzan mis manos, despejo la mugre (que nunca se quita) con shampoo, jabón, sacate, lavo cada uno de mis dedos de las manos, de los pies, limpio mi entre pierna, al final, dejo mi miembro y lo lavo aparte, así como mi ano, los lavo y enjuago debidamente; llevo a cabo un ritual de exfoliado (porque la sociedad ruge que te debes ver estupendo para cualquier extraño), limpio mis brazos, mis piernas, mi cara, cepillo mis pelos en la cara. Me seco la cabeza y el cuerpo, ¿por qué he descrito esto?, no es para volar tu imaginación, pero, probablemente, en este punto, estarás pensando en todo aquello que haces cuando te levantas, ahora, si continuamos con la rutina, volverás a pensar en ti, en tus días, en esa rutina, la monotonía de la vida esperando el momento de encontrarse con la muerte.
¿Qué es de nosotros en esta única vida? ¿Qué es de nosotros en medio de la frecuente e insolente forma de seguir, repetidamente, haciendo lo mismo? ¿Qué nos lleva a hacer esto una y otra vez? ¿Habías sido consciente de ello? ¿ Te has percatado cuántas veces al día te preguntas qué está pasando? ¿Por qué hago esto? ¿Por qué hago lo otro? ¿Por qué tengo que casarme? ¿Por qué tengo que enamorarme? ¿Por qué tengo un ineficiente sistema de control de emociones? ¿Por qué siento dolor, tristeza, esperanza, etc.? ¿Por qué una y otra vez? ¿Habías sido consciente de estas cuestiones? ¿Has pensado que será de ti cuando mueras? ¿Sabes si terminarás en una urna con un epitafio barato o sin nada? ¿Sabes si serás comida de gusanos hasta convertirte en un fósil del planeta?
Muchas preguntas, que no tienes porque responder, no tienes que gastar tu mente en cosas que no sirven para nada, sí, NO SIRVEN PARA NADA ya que, lo único seguro es la muerte.
Inevitable es morir, aunque te resistas, sin importar si eres rico, pobre, de clase acomodada, no importa si fuiste a Francia, Australia, si viviste en Suiza, en la Antártida, nada de eso aporta al final de tus días, si estabas gordo, flaco, fea, feo, bonita, bonito, no importa si tuviste hijos, si tuviste una pareja, nada de eso es relevante, nada de eso ya es importante. No sabes a dónde vas, si te mueres, tienes n posibilidades de ser otra cosa, principalmente por las leyes de la materia y energía: nada se crea ni se destruye, todo únicamente SE TRANSFORMA.
¿Qué forma de tu ser será adaptada tras tu muerte?, nadie sabe, hasta ahora, qué sigue, nadie puede darte una respuesta exacta, precisa y segura de en qué te transformarás, lo que es un hecho, es que quizá, probablemente, sí formamos, desde siempre, parte del cosmos.
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