Coincidencias
Tenía años sin saber de ti y, de repente me contaron lo que te ocurrió, no fue para mí una alegría sino que, mi corazón lloró, te lloró por saber tu dolor. Me sentí extraño, no podía entender el mínimo de lo que sentía en ese instante, quise llamarte, me detuve, quise escribirte y mis manos se detuvieron al tipear tu nombre. Quise no detenerme pero lo hice, tus últimas palabras fueron “No quiero que me vuelvas a buscar jamás, déjame en paz”. Hasta hoy he cumplido, me he alejado de ti, me quedé fuera de tus caminos, de tus rumbos, de ti, de tu vida; hoy supe de ti por coincidencias de la vida.
Siempre he creído que nadie merece ver a un hijo o un madre ver morir, creo que son dolores emocionales demasiado difíciles de comprender, entender, superar, vivir. Saber que estás pasando por un dolor así de grande, no me cabe en la mente más que poder ir a verte, aunque la realidad es que tú al final vertiste enojo y odio en mí.
Nunca entendí tu enojo ni tu odio, en especial porque me dijiste que no te habías enamorado de nadie como conmigo, nunca te sentiste como nos sentimos juntos. Hoy sé que te han dejado y herido, que has perdido un ser amado, un ser por encima de cualquier otro, no puedo imaginar tu dolor y es que estar aquí en medio del caos, atendiendo heridos, salvando vidas, no puedo hacer nada para ir a intentar poner un curita en tu corazón, quisiera ir a vendar tu alma con un abrazo.
Tu mejor amiga, Janet, ha estado en la UCI por 8 horas intervenida, su hermana me ha contado de ti, de ellas, de lo que se hicieron y porque llegaron aquí, es increíble lo pequeño que llega a ser el mundo en un universo tan basto y tan extenso, en un planeta con millones de personas, en una colonia con miles de desconocidos, esté aquí, salvando a Janet y no poder hacer nada por ti.
Amanece, veo los rayos del sol cayendo por la entrada de urgencias, veo a la hermana de Janet sentada en el piso, con frío y un vaso de alguna bebida, hablo con ella y solo le puedo ofrecer esperanza de que su hermana salga al menos con vida. Sigo pensando en ti, no sé tú cómo estarás, no sé si te pudiera ayudar, ya busqué dónde estás, ya te encontré y lamento que tu madre ya no esté. Mis ojos se inundan y mi corazón palpita fuerte, siento la sangre caliente, las piernas temblando, mi estómago gruñe de hambre y mis ojos arden de sueño, pero mi cabeza, mi mente, sigue y sigue, persiguiendo un pensamiento tras otro preguntando y pensando ¡Cómo estarás!
Son las 11:18 de la mañana, solo pude dormir un par de horas en el área común, soy la médico de cabecera de Janet, me han llamado de la UCI, estoy temiendo lo peor y no siento poder si ha muerto, no sé si pueda con Liz, no sé qué pueda ocurrir. He llegado, te veo en la camilla y recibo la noticia que has entrado en coma, que tus órganos internos están severamente dañados y que no hay donantes compatibles con tu hígado. Tu estado es crítico y entonces, te veo reír, te veo cuando te conocí en la fiesta de graduación de Fran, te veo prestarme un vestido cuando se ensució mi ropa en plena reunión familiar o el día que me defendiste de los vándalos del rumbo de la casa de Fran. Te comienzo a recordar, comienzo a ver todos los años y momentos compartidos, mis ojos te ven reír, llorar, irte libre cuando quisiste hacerlo, casi 8 años de conocerte, después de 3 encontrarte aquí, tratar de salvarte ahora yo, tratar de ayudarte, tratar de hacer algo por ti y no puedo, Janet, perdón.
Voy con Liz, la noticia es cruda, el momento ideal no existe, el momento es este y nada más. Suelto las palabras, una a una, veo los ojos de Liz cubrirse en lágrimas y escuchó su boca decir: No, ¡Por qué! No quiero quedarme sola, no tú, tú ahora ¡No! No, no, no, no, no, por favor ¡No! Mi voz se quebró y se abalanzó contra mi pecho, la abracé y comencé a llorar, le pedí perdón y, continuó llorando amargamente, nos quedamos ahí, en medio del bullicio, en medio de los desconocidos, nos tiramos en lágrimas abrazadas al piso.
Tras un largo día de exilio, reflexioné, pensé en ti Fran, apagué el dolor, la tristeza y el orgullo, tomé las llaves y me fui a donde te tenían hospitalizada, donde intervinieron a tu madre y a tu hermano, me comuniqué con tu padre y, con mucho amor en su voz, me indicó cómo llegar, a donde dirigirme para estar. Tras un par de horas di con el lugar, como médico me dejaron llegar con tu papá, al verme, me abrazo, comenzó a llorar, sentí tan profundo su dolor y solo dijo: ¡Gracias a Dios que estás aquí!
Tu papá no estaba de acuerdo con nuestra relación, de nuestros 9 años nos costó tres convencerlo, hoy todo fue distinto, hoy más que haber sido tu novia, me abrazo como si fuera tú, sentí el calor del amor de padre, sentí profundo su sentir, la agonía de su dolor, la agonía de su esperanza, que al transcurso de las horas se iba desvaneciendo.
Le han dado la noticia que necesitas un transplante de corazón, debido al accidente y el impacto que recibiste, la perforación de tus costillas destrozó todo tu corazón, estás en estado crítico y en baipás, la lista de donantes es corta y la de necesitados es extensa, no tengo poder para ponerte en las primeras líneas de la lista, te daría mi corazón para que vivieras, yo no tengo nada y a nadie aquí, pero tu sangre no es compatible con la mía, en este momento solo nos queda esperar.
Tu hermano está en la UCI recuperándose, afortunadamente, sus heridas fueron atendidas a tiempo y no son tan graves, tu madre sigue en cirugía, probablemente no resista.
Pasan las horas, tu padre no come, no bebe, sus ojos secos y su boca partida lo dicen todo, a veces nos preguntamos ¿por qué le pasa esto a la gente buena? Y es la pregunta que se hace tu padre, tú, una mujer independiente, con una profesión, un trabajo de prestigio, un persona que ayudaba a las fundaciones locales, tú que creía en que el mundo podía mejorar, que las personas podían ser mejor, tú, tú estas en una cama porque las personas no son mejor, porque el egoísmo abunda, porque la vida no es justa y nunca lo será.
Pasan las horas, está por amanecer nuevamente, llevo dos días con la misma ropa, siento que apesto y veo a tu padre que eso ni siquiera atraviesa su mente, se acerca el médico que atendió a tu madre y, en ese momento recibo un llamada de mi trabajo, me indican que Janet ha sido desconectada por pérdida funcional masiva de sus órganos internos, Janet ha muerto, salgo inmediatamente de ahí, abandono a tu padre, tu madre, tu hermano y a ti; inmediatamente solicito una reunión con el comité de trasplantes, solicito revisar el corazón de Janet y hablar con su hermana Alizné, la tensión aumenta y se quedan a discutir, mientras la decisión se toma, llega otro momento de decir y hablar de cosas crudas, de realidades tristes, severas. Liz, sé y sabes que tu hermana y Fran tienen el mismo tipo de sangre, sé que su corazón, sus pulmones y su riñón derecho, están sanos, quiero decirte y pedirte lo siguiente, ella no era donadora de órganos, sin embargo, Fran está también por morir, necesita un trasplante de corazón y el único del que podemos disponer directamente es el de tu hermana, en este momento, tienes mucho dolor y no... (me interrumpe) ¡Haz lo que quieras! Dime dónde firmar y ya, no digas más, ¡cállate y déjame!
La ventaja de los hospitales privados es que te puedes saltar la burocracia y pasar directamente a cercenar a un ser humano, al final, el dinero es lo único que los mueve. La suerte estuvo de nuestro lado, el corazon de Janet fue fuerte, ha resistido la cirugía y ahora está en camino con Fran, le informo a su padre, quién bañado en lágrimas me dice gracias, me pide perdón nuevamente y extrañamente termina con: Lamento que te hayas ido, todo fue mi culpa.
Colgamos, dejé que las cosas fluyeran, después de un par de semanas supe que su madre entró en coma sistémico y que con terapia podrá recuperarse en un año a dos, su hermano salió bien, está en fisioterapia para restaurar su movilidad, tú, estás viva, estás triste porque supiste de Jan, Liz no te quiere hablar, a mí tampoco me recibe las llamadas y los mensajes están bloqueados, que ironía que la facilidad de comunicación ahora siga siendo tan difícil. No me atrevo a hablarte ni decirte nada, no sé si sabes de mi intervención en todo esto, tu padre intentó comunicarse conmigo pero no le respondí hasta que dejó de hacerlo.
Qué increíble es la vida, te pone en las manos dos vidas importantes y una se salva con la otra, qué locura haber vivido esto, después de un año de haber pasado eso, espero que sigas bien, que estés feliz, espero que Liz me haya perdonado por lo qué pasó y como sucedió todo. Yo sigo aquí, velando urgencias, tratando de salvar personas, espero no volverte a ver así, de serlo, que sea en una noche de abril.
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