De la soledad.

Te escribí de la cotidianidad,
lo que desayuno cuando no estás,
lo que veo mientras camino al trabajo
y lo que como mientras sigo pensando qué harás.

¿Te acordarás de mí? Me pregunto eso
me pregunto qué estarás haciendo
ya pasó nuestro tiempo,
lo sé.

Desde aquí te abrazo sin que lo sepas
porque desde aquí sé lo mucho que me interesas
no para bien
no para mal
ni solo para fornicar (fuerte, ¿verdad?)

Te abrazo ante el desdén de poderte besar
de arrancarte las carcajadas de tu cara
hasta que tu estómago no pueda más
como cuando reímos
con las bobadas de tu hija
y las bobadas de tu perro.

¡Ah! ¡Carajo!
Ya no te quiero aquí
y la memoria no te deja ir
Qué malestar tan grande
esto de recordar el cuerpo
que nos daba paz.

Un poco de ti se quedó aquí
un poco de tu ácido carácter
de tu amoroso corazón
de tu sensual piel
y de tu exquisito paladar.

De la soledad eres
así sin más
ya no te puedo olvidar
y así, así te quedarás
en este maldito recuerdo
de uno de los amores
más bellos.

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