Colores



Azul

Me caí de la cama, abrazado de la almohada veía el sol salir, me di cuenta que el sueño estaba loco, ¡Ah!, exclame en voz alta, y no me creía haberme caído de la cama, hacía tiempo que no ocurría, en fin, volveré a verte brillo de día, brillo de noche, como el mar llegarás y espero te puedas quedar.







Morado

Vestía elegante la barista del café de la esquina, un exquisito vestido en "v", abierto de la pierna, corriendo las ideas más eróticas en mi cabeza, que barista tan hermosa, tan sutil, tan dulce, dueña de mis fantasías, dueña de mis emociones, sin embargo, solo soy un pobre ilusionado, que para ella no existe, su sonrisa me cautiva, me hierve la sangre, la veo subir a un auto que se la lleva dejando el aroma del perfume de flores que su piel prende, que su piel narra, que su piel grita: Soy yo, la que de ti es dueña y de ti jamás será.





Gris

El cielo se cubre de nubes y camino entre sombras, veo la gente huir de la posible tromba, siento el viento furioso y altivo, fuerte y sonoro, siento frío, siento todo, me siento vivo.






Verde esmeralda.

Ella brillaba, como estrellas en el cielo, ella se volvía enredo, brillaba tal que el reflejo que destellará era la esmeralda de su mirada, ella ciega estaba y aún así brillaba como la luz de la vida misma, como la luz de cada día.







Rojo

Fue ayer que se cayó mamá Concha del techo, fue ayer que la vi correr al hospital, torpe y sola, llorando con su frente abierta, con su corazón triste, fue ayer que mamá Concha cayó en cama, fue ayer que derramó la última gota de sudor por seguir viva. Mamá Concha se ha ido, ha dejado a cuatro hijos con profesión, con trabajo, con esposas y esposos, con seis nietos, con sueños no alcanzados, ha dejado hoy abandonados a sus hijos, mamá Concha ha muerto desangrada en la cama de un hospital, ha muerto porque nadie estuvo para decir que la sangre que tenía era de las raras, de las que son especiales, y es que mamá Concha fue, como quien dice, una mujer que luchó, sola contra todo, y salió del hoyo de la perdición, fue mamá Concha la mujer que hoy murió.






Rosa

No importa cuando lo leas, dejaste de importarme una mierda, dejaste de ser a quien yo quería, dijiste querer salir del clóset y de los tabús, me hiciste enamorarme de ti y al final te fuiste regresaste con tu familia, y a pesar de entender el amor hacia tu familia, me duele, me duele que me hayas dejado aquí, solo, sin ti, que hayas dejado así, sin explicación, te dejo esta carta, es un adiós, me volví victima después de todos los engaños y mentiras que hicimos pasar a muchas personas, incluyendo a tus hijos, me siento débil, me siento cobarde, me siento basura, pero me enamoré tanto de ti que no puedo hacer otra cosa, adiós Ricardo, te amo.

Joaquín.





Amarillo

Era el día de cumpleaños número cinco de mi sobrina; mi hermano no me habla, mi madre tampoco, mi cuñada a penas si me saluda, pero eran los cinco año de mi bella luz de vida, y solo pude hacer una cosa, regalarle una guitarra eléctrica. Asistí a su cumpleaños sin invitación y con el temor de que me corrieran, fui; la vi tan bella, corrió a mí, me gritaba ¡Tía!, ¡Tía!, la cargué, la llené de besos, me sentí tan feliz, me sentí tan plena, me sentí tan viva, le enseñé su regalo, sus ojos se llenaron de emoción, me abrazó tan fuerte, me llenó de su amor, me llenó de felicidad, y sin importar lo demás, compartimos pastel y tocamos unas canciones, y ella se sentó conmigo dándome la mano, diciendo las palabras más dulces del mundo: Te quiero tía.



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